¿Cristianos Paralizados?

escrito el 19 de Enero de 2021 por Cecy de Castellón

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El temor a ser infectados por el Covid, hace que cerremos las puertas de nuestra casa, las puertas de nuestro corazón y hasta las puertas de nuestra alma, de tal modo que no vemos la necesidad que otros tienen a nuestro alrededor. Algunos estamos llenos, tenemos un sueldo a pesar de no estar presencialmente en nuestro lugar de trabajo, y ésa sí que es una bendición.

Pero, ¿Qué tal los demás a mi alrededor? ¿Qué tal los que han perdido su trabajo, su fuente de ingreso, los que sus padres no tienen la solvencia económica para enfrentar el día a día? ¿Qué tal los que se han enfermado, los que han experimentado luto porque el dolor de la muerte los ha tocado y sus lágrimas han mojado su cama más de una noche? ¿Y qué tal los que ni siquiera tienen cama? ¿Cómo hacen para resguardarse del virus? Y yo en mi casa simplemente viviendo cada día, quejándome que no puedo salir o poniendo excusas para no salir y ayudar.

¿Dónde está el llamado al que un día respondimos con alegría en nuestro corazón, cuando nos encontramos con el texto que dice: Isaías 6:8? “Después oí la voz del Señor, que decía: ¿a quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí envíame a mí.”

Ahora parece que nuestra respuesta es condicionada: envíame a mí cuando ya no haya Covid, cuando ya esté la vacuna, cuando ya esté seguro, es como que si el pueblo de Israel le hubiera dicho: cuando hayas sacado a los que están invadiendo nuestra tierra, nos avisas para que lleguemos sanos y salvos; para que lleguemos sin fatiga, para que lleguemos bien, sin exponernos al peligro, para que no nos ensuciemos innecesariamente; pues hay mucha arena en el desierto, mucho sol, no hay agua, las serpientes y escorpiones abundan y nos pueden transmitir enfermedades; cuando Moisés y Aaron lleguen y pongan la bandera indicando la conquista, nos envías a traer para que vayamos en los carros sin exponernos innecesariamente. ¡Que otros luchen! ¡Que otros se expongan! pero yo, ¡Claro que no!

La Biblia nos relata en Éxodo la historia del pueblo de Israel, salieron de Egipto hacia la tierra prometida, y en Números 13, nos dice que esa tierra tan bendecida y prometida a este pueblo, estaba ocupada, había sido ya conquistada por otros pueblos que no eran los escogidos para esta tierra; nos dice que esa tierra estaba habitada por gentes guerreras y fuertes.

Entonces ¿Cuál era el objetivo de Dios con este pueblo? ¿Por qué le ofrece una tierra ya habitada por otros y los lanza a una batalla intensa? ¿Los lanza a un trabajo sacrificial? ¿Cuál era el objetivo de Dios con este pueblo? Este texto nos da la respuesta: Deuteronomio 8:2: “Y te acordarás de todo el camino por donde te haya traído Jehová tu Dios estos 40 años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.”

Creo sin duda, que Dios pudo haber llevado al pueblo de Israel sin necesidad de que pasaran por el desierto; Creo que Él pudo haber sacado a los cananeos, amorreos, ferezeos, heteos, gergezeos, heveos, y jebuseos de esas tierras, quizá les pudo haber mandado una plaga mortal para que simplemente murieran y no presentaran oposición ni resistencia al pueblo de Israel, pero ¿Por qué no lo hizo? Dios, al igual que con el pueblo de Israel, ha permitido esta situación para ver qué hay en mi corazón, Él está probando que clase de hija y de cristianas somos.

Él está con el deseo que se produzca en mí esa transformación de carácter y crecimiento espiritual que necesito. Él puede hacer que el Covid desaparezca en un instante, pero ¿Por qué no lo hace? ¿Qué quiere mostrarme? Creo que me está revelando y sacando a luz lo que hay en mi corazón y con tristeza puedo ver que muchos de los cristianos estamos: temerosos, débiles, sin visión, y lo peor, sin convicción de que Su Palabra debe seguir corriendo. Creo que han salido a la luz miles y miles de cristianos paralizados Él no solo quiere llevarme a la tierra prometida y que pase aquí en esta vida desapercibida, quiere que dé a conocer a otros el Dios de amor y poder que es Él. Me pregunto ¿Qué querrá Dios mostrarme en esta situación ahora que me encuentro recluida en mi casa con mi familia? ¿Cuál es el propósito de este encierro para mí?

Todos los días estamos recibiendo malas noticias; todos los días recibimos llamadas diciendo ore por mí ¡¡Oren por esto!! ¡¿Qué es esto?! ¡¿Qué es tal premura?! ¡¿Qué es tal inquietud?! ¡¿Qué es tal tempestad?! ¡¿Por qué estamos en esta situación tan caótica?! ¡¿Qué necesito aprender?! ¿Qué necesitamos aprender? ¿Qué necesitamos aprender para pasar y salir de esta prueba aprobadas? ¿Qué necesito aprender para salir del desierto y poder llegar a la tierra prometida? Creo con firmeza que una de las cosas es que nuestra relación con Él se afirme y fortalezca; recuerdas a María la hermana de Marta, se nos dice que ella escogió la mejor parte: estar a los pies del Maestro ¿Has escogido conscientemente el tiempo y la ocasión para estar con Él? ¿Has podido como María escoger estar a Sus pies cada día? Esta historia que encontramos en Lucas 10:38-42 Has tenido delante de ti el control de televisión, la computadora, el teléfono y cualesquiera de redes sociales que te imagines ¿Has podido ponerlas a un lado para sentarte a contemplar a Tu Amado? ¿Has podido escuchar Su dulce voz?, tal como lo dice Cantares 2:8 … ¡La voz de mi amado! ¿Has podido desarrollar la habilidad de escuchar Su voz en medio de tanto ruido y noticias desesperanzadoras? ¿Puedes decir con certeza como lo dice Habacuc 3;17-18: “aunque no haya fruto ni alimentos, con todo yo me alegraré en el Dios de mi Salvación”?

Este tiempo es para deleitarnos en Cristo, debemos pasar tiempo con Él, conocerlo, contemplarlo y así nuestro corazón arderá de amor y nuestra relación con Él crecerá cada día más. Este tiempo es para recordar cada milagro que Él ha hecho a lo largo de nuestra vida ¡Y para seguir firmes guardando Su Palabra! Nuestras redes sociales siguen inundadas de noticias dolorosas, el Covid ha afectado a nuestros seres amados.

Una de mis amigas en México perdió a su mamá, otra de mis amigas perdió a su esposo. No son desconocidos, son nuestros amados. Qué dolor inunda mi corazón ¿Qué puedo hacer?, ¡¡Nada!! ¡¡Humanamente no puedo hacer nada!! Pero puedo doblar rodillas, cerrar mis ojos y rogar al Padre que los abrace y sostenga con su mano derecha. Qué su misericordia y amor se haga patente en ellos, que les dé esa paz que sobrepasa todo entendimiento, que nadie más la puede dar ni quitar.

Amiga, no te dejes vencer por las adversidades que enfrentas cada día, sino úsalas para fortalecer tu Fe. Seamos mujeres dispuestas a hacer un esfuerzo extra.

No seamos cristianas escondiéndonos tras la cortina de ser sabias y prudentes, y no digo que no hay que serlo; ¡Por supuesto que sí! Nosotros el pueblo evangélico debe ser el que se destaque por su pulcritud, por seguir las indicaciones y cumplir todos los protocolos, por absurdos que nos parezcan, pero esto no debe paralizarme. Hay cosas que no podemos hacer, hay personas que no podemos alcanzar; pero hay algunos a los que sí puedo ayudar.

Usar la tecnología para visitar a otros, una video llamada, correos de voz, mensajes escritos, acciones más tangibles como tocar mi cartera y enviar algo de apoyo a los que lo necesiten; quizá puedo ir a la cocina y preparar una comida para una familia enferma ¿Sabes lo qué es tener que cocinar estando con fiebre? O quizá simplemente puedo llamar a un restaurante y enviar una comida a domicilio a alguien que está con una necesidad particular. Que delicia recibir un regalo así en medio de estos días en los que la tristeza, la angustia, la soledad misma se hace tan presente en nuestras vidas, pero créeme es aún mejor poder ser el canal de Bendición para llevar descanso a otros. Seamos creativas para mostrar nuestro amor y cuidado.

No nos quedemos de brazos cruzados viendo cómo los demás sobreviven, seamos parte de la solución. ¡Seamos esos brazos extendidos de Cristo para alimentar, consolar, abrazar y sostener a otros! No seas un cristiano paralizado. Que el miedo no te paralice, sino que te impulse a buscar más de Dios para hacer todo en Su poder. Pídele al Padre que te muestre cómo puedes ser de bendición para alguien.

Te aseguro que pondrá en tu mente más de algún rostro, más de algún nombre, porque Él pone tanto el querer como el hacer por su buena voluntad, y también nos recuerda que, de hacer el bien, “no os canséis, y mayormente a los de la familia de la fe.” Gálatas 6:20

 

Acerca del Autor

Cecy de Castellón.

Esposa de Pastor Mauricio Castellón de Iglesia Bautista Miramonte